¿Cuándo fue la última vez que te permitiste estar en silencio... de verdad?
No me
refiero a ese silencio de cuando apagamos el televisor para seguir con el
teléfono en la mano. Sino ese otro silencio… el de adentro. El que se siente
cuando la mente deja de correr y el corazón por fin puede hablar.
Vivimos
rodeados de ruido. Ruido afuera y ruido por dentro. Pensamientos que no paran,
preocupaciones que se acumulan, voces ajenas que muchas veces terminan
diciéndonos qué debemos hacer, cuando lo verdaderamente importante es descubrirnos
y tener certeza sobre quiénes somos realmente en el mundo de hoy en día. Y es
que, en medio de todo ese ruido, nuestra propia voz, la más importante, a veces
sin darnos cuenta se queda ahogada.
El silencio
no es vacío. Es todo lo contrario, porque es en el silencio donde encontramos
las respuestas que tanto buscamos afuera. Es ahí donde Dios susurra, donde el
alma se acomoda, donde por fin podemos escucharnos con honestidad y sin apuro.
Lo mejor de
todo, es que, si lo pensamos por un instante, no necesitamos horas ni un lugar
especial. Bastará con unos minutos al día.
Cierra los
ojos, respira profundo, y deja que el silencio haga su trabajo. Te sorprenderá
lo que eres capaz de escuchar cuando dejas de hacer tanto ruido. Porque a
veces, la respuesta que más necesitas ya está dentro tuyo. Solo está esperando
que te calles un poco para poder decírtela.
¡Que tengas
un día lleno de paz interior!












